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lunes 08 Noviembre 2010Los Cuatros Santos Coronados
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Los cuatros mártires coronados
Que es posible que fueran más, porque en la identificación de estos mártires se mezclan noticias muy confusas. Tal vez se trate de dos grupos diferentes de santos, cinco canteros de la Panonia inferior, en la actual Yugoslavia, y cuatro suboficiales romanos, cornicularii, que llevaban una insignia de metal llamada corniculum (estos últimos explican el nombre de coronados)
Sea como fuere, ya en el siglo IV se levantó en Roma, muy cerca del Coliseo, una iglesia en su honor que fue destruida por los normandos, más tarde rehecha y por fin restaurada en varias ocasiones. Allí se conservan unas reliquias veneradas desde muy antiguo.
Los cinco canteros de Sirmium (Sremska Mitrovica) se llamaban Claudio, Nicostrato, Sinforiano, Castorio y Simplicio, y al negarse a esculpir un ídolo que podía dar ocasión de idolatrar fueron metidos en cajas de plomo selladas que se arrojaron a un río.-
Más incierta parece ser la historia de cuatro hermanos (Severo, Severiano, Carpóforo y Victorino), todos cornicularii, a quienes se exigió que quemaran incienso ante una estatua del dios Esculapio en las termas de Trajano. Se les supone muertos a consecuencia de bárbaros azotes.
Los cuatro (o cinco) canteros - que durante la Edad Media fueron patronos de las cofradías de canteros y albañiles - nos parecen mártires de una concepción muy alta en su oficio, ya que murieron por no creer que el arte es neutral y que lo purifica todo. Por encima del arte - y del deber militar en el caso de los cornicularii - afirmaban una responsabilidad mayor de la que nada ni nadie podía eximirles, y ésta es la razón de su corona de gloria que hoy celebra el calendario.
Oremos
Himno
Espíritus sublimes,
¡Oh mártires gloriosos!,
felices moradores de la inmortal Sión,
rogad por los que luchan
en las batallas recias,
que alcancen la victoria
y eterno galardón.
¡Oh mártires gloriosos
de rojas vestiduras,
que brillan con eternos
fulgores antes Dios!
Con vuestro riego crezca
de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses se cubra ya en sazón.
Amén.
Dios todopoderosos y eterno, que diste a los cuatro Mártires coronados la valentía de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
I vísperas de la Dedicación de la Basílica de Letrán
Himno
Alta ciudad de piedras vivas,
Jerusalén;
Visión de paz y cielos nuevos,
Ciudad del Rey.
Tus puertas se abren jubilosas,
Visión de paz,
Y penetran los ríos de tus santos
Hasta el altar.
Baluartes y murallas de oro,
Jerusalén;
Tus calles, gemas y zafiros,
Ciudad del Rey.
Jerusalén, Iglesia viva
De eternidad;
Hacia ti caminan los hombres,
Sin descansar.
Alta ciudad de Cristo vivo,
Que es nuestro hogar,
Al que volveremos, ya cansados
De caminar.
Cielos nuevos y tierra nueva,
Jerusalén;
Morada de Dios Trino y Uno.
Amén, amén.
Señor, Dios nuestro, que ha congregado tu Iglesia y has hecho de ella el cuerpo de tu Hijo: haz que tu pueblo, reunido en tu nombre, te venere, te ame, te siga y, llevado por ti, alcance el reino que le tiene prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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